Canonización de San Jacobo del Monasterio San David en la isla de Eubea, Grecia

El lunes 27 de noviembre, el Santo Sínodo del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla anunció la canonización de San Jacobo del Monasterio San David en la isla de Eubea, Grecia, de modo que sea conmemorado anualmente el 22 de noviembre en el Synaxario de la Iglesia Ortodoxa.

El Padre Jacobo Tsalikis nació el 5 de noviembre de 1920 en Lebisi de Asia Menor. En 1922, debido al éxodo de las familias griegas a Grecia, la familia se traslada a Atenas y luego al pueblo Faracla de Evia. En 1933, Jacobo termina la primeria, y debido a la falta de recursos económicos, ayuda a su padre en la albañilearía. En 1947, Jacobo hace su servicio militar, y lo termina en 1949. En 1951, se dirige al Monasterio San David en Eubea, donde se volvió monje el 30 de noviembre de 1952. Ese mismo año, fue ordenado diácono y sacerdote el 17 y 19 de diciembre respectivamente. El 21 de noviembre de 1991, en la fiesta de la presentación de la Virgen María al Templo, el Anciano Jacobo, superior del monasterio y padre espiritual de miles de personas, parte a la casa del Señor. La vida de San Jacobo está llena de las perlas de las virtudes, del amor a Dios y al prójimo, además de una vida de oración y de servicio al Señor y a todos los necesitados que acudían a él y al Monasterio donde vivía. El hecho de mirarlo en la cara era suficiente para entender qué significa una vida de virtud y de consagración entera a Dios, y la acción del Espíritu Santo. Si bien Dios le dio hacer muchos milagros, pero lo que más impacta en su vida es su fe en el Señor y su compasión hacia todo el mundo, junto con su disposición a sacrificarse por todos.Como padre espiritual, ayudó a miles de personas a encontrar el camino de la Iglesia, de la confesión, de los sacramentos, de la virtud, del servicio genuino, etc., de una vida cristiana genuina. A nivel personal, era conocido por sus vigilias y ayunos que vivía en forma ininterrumpida, a pesar de las múltiples operaciones quirúrgicas que tuvo que sufrir. Pero la enfermedad no le impedía orar y participar de todos las celebraciones litúrgicas del Monasterio, además de atender a los peregrinos y feligreses que acudían a él. Desde su niñez, amaba la oración y la vida monástica. Se le apareció Santa Paraskeví cuando oraba en su capilla, siendo todavía niño y le predijo el futuro que iba a tener en la Iglesia. Además, por falta de sacerdote en su pueblo, la gente le pedía a Jacobo oraciones por el enfermos, por los endemoniados, por toda circunstancia, pues lo llamaban "Padre Jocobo" desde antes de haber llegado a la adolescencia. Supo conservar la pureza de su alma a lo largo de su vida, por su determinación de consagrarse al Señor, y su deseo de entregarse completamente a Él. En ello, tiene mucho que ver su madre, Teodora, una santa persona, quien le inculcó la fe y el amor a Dios y a la virtud, y quien le había dado la bendición para seguir el camino del sacerdocio y de la vida monástica. Mantenía con el patrono de su monasterio, San David de Eubea, una relación espiritual íntima, como así también con San Juan el Ruso, el nuevo mártir, cuyo templo y reliquias se encuentran en la misma isla. Las reliquias de San Jacobo se encuentran en el monasterio donde vivió su vida monástica por cuatro décadas, en Eubea, Grecia. Por las oraciones de nuestro santo padre Jacobo, Señor Jesucristo, Dios nuestro, ten piedad de nosotros, y sálvanos!

Fuente: www.acoantioquena.com 

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